martes, 27 de abril de 2021

Ecosistemas urbanos

 

Hace poco más de una década, para mi -y estoy segura que para muchos otros amantes del mundo natural salvaje-, poner el adjetivo “urbano” a la palabra “ecosistema” era algo así como una contradicción absurda y casi un sacrilegio.

Posiblemente, por ese amor a todo lo que era “natural” (salvaje) versus todo lo que era “artificial” (hecho por los humanos), el motivo de entenderlo así tenía sus raíces en una antigua y arraigada -hasta nuestros días- concepción dicotómica del mundo, de vencedores y vencidos, blanco y negro, buenos y malos… en la que lo humano y lo natural estaban enfrentados: o la naturaleza salvaje acababa con nosotros o nosotros con ella. Y cada cuál apostaba por el lado que más le latía el corazón. 

Hoy no tengo ilustración pero tengo foto

Pero otras ideas más integradoras e inclusivas, que han bebido de las fuentes de las ciencias de la Ecología y de la Vida, se fueron abriendo paso: la Humanidad sólo es una parte integrante del gran Ecosistema llamado Tierra.  Los humanos no somos ni ángeles ni demonios, solo una especie más, con unas características especiales, sí, como cada especie tiene las suyas propias.

Sin embargo, es posible que lleguemos a causar un gran colapso; pero, no vamos a acabar con la Naturaleza... millones de especies sobrevivirán, se recuperarán y se configurarán nuevos ecosistemas y la Tierra seguirá su camino por el Universo como lleva haciéndolo miles de millones de años. Y sí, es posible que la Naturaleza acabe con nosotros… pero no por venganza o castigo, sino porque, como parte integrante, nosotros mismos habremos creado las condiciones necesarias para nuestra autodestrucción.

De alguna manera parece que todo sistema terrestre, desde un individuo, hasta una especie, estructura, sociedad o civilización tiene un proceso en el que necesariamente nace, se desarrolla, decrece y desaparece… o queda como algo vestigial o relicto. Todo está sujeto a los ciclos naturales.

Los estudios ecológicos sobre poblaciones son tan válidos para nosotros como para el resto de las especies. Por ejemplo, nos demuestran que:

Mientras que el entorno lo permite (haya recursos en abundancia: agua, alimentos, espacio, etc.) una población de una especie cualquiera, si no hay otros factores limitantes como, por ejemplo, depredadores, va aumentando progresivamente en número de individuos. A partir de cierto momento iniciará un crecimiento exponencial y, en la medida que se va acercando al límite que el entorno puede soportar, cuando el espacio y los recursos empiezan a menguar, surgirán todo un abanico de disparadores intraespecíficos, en forma de conflictos, alteraciones del comportamiento, enfermedades, etc. que tienden a frenar el crecimiento. Finalmente, cuando los recursos se agotan, a la par que las enfermedades, alteraciones del comportamiento y conflictos han ido debilitando a la población… esta sufre un rápido decrecimiento hasta límites cercanos a los iniciales o se extingue.

Si miramos los datos sobre el crecimiento de la población humana, parece claro que nuestra especie lleva tiempo en la fase exponencial y las consecuencias de ir acercándonos al límite que nuestro Entorno puede soportar, cada vez son más evidentes. Como ya no vivimos en puntos concretos del mundo, y aislados entre sí, sino en la Aldea Global, esto afecta a Todo y a todos: el espacio y recursos que estamos acaparando y agotando son también los que necesitan otras especies para su supervivencia.

Cada año va en aumento el número de millones de personas que pasa hambre en el mundo, mientras una lucha cada vez más feroz -y más o menos encubierta- por los recursos, forma parte de la agenda política de todos los países y muchas personas mueren cada año a causa de ello.  Los comportamientos intolerantes en forma de violencia de género, racismos, religión y fascismos, o, simplemente, echar la culpa “a los otros”, son el pan nuestro de cada día y, desgraciadamente, también acaban con la vida de muchas personas. La ciencia médica ha avanzado mucho... pero nuevas enfermedades surgen constantemente acabando con la vida de millones de personas.

Si no destruimos ecosistemas y especies inconscientemente por nuestra expansión y la explotación de recursos, lo hacemos racionalmente por cuestiones económicas,  políticas para evitar conflictos con la población humana, o con estudios y métodos científicos que avalan el que una especie, en un determinado entorno, no pueda tener más que X número de individuos -por lo general un número muy pequeño en comparación a la población humana-; “control poblacional”, “extracción” o “eutanasiar” son las formas en que se nombra esta forma de eliminación de individuos de otras especies, por cuestiones ecológicas o de salubridad*.

Nuestro crecimiento y actividades han transformado el planeta hasta el punto de afectar al Clima Global y ya hace años empezamos a sufrir las consecuencias, que han ido aumentando, a una velocidad no prevista por la Ciencia (recuerdo hace ya años... cuando científicos alertaban sobre migraciones masivas a causa del Cambio Climático).

Sin embargo, ni nuestra inteligencia, ni la consciencia o inconsciencia, o la ética y la moral tienen nada que ver con estos hechos… ningún ser humano, sea de la ideología que sea, tenga más o menos consciencia, moral o ética, desea llegar a esto. Y ninguno por inteligente, consciente, ético y todas las características deseables que pudiera tener, podría haberlo evitado. Simplemente, son procesos sistémicos de las especies y su entorno que, en determinadas circunstancias, suceden.

Y no solo estamos sujetos a las mismas leyes ecológicas sobre poblaciones que otras especies. También nuestros ecosistemas urbanos, esos “termiteros” humanos dónde habitamos, sólo son posibles gracias a las relaciones que se dan entre el medio biótico y abiótico -entre el medio vivo y no vivo-, a través de las transformaciones de materia y energía que fluyen entre ellos, como en cualquier tipo de ecosistema. En esas urbes no estamos solos, desde el principio otras especies han colaborado, de una forma u otra, con nosotros en su construcción, desarrollo y mantenimiento (pero, sobre esto último, me gustaría expandirme un poco más en el próximo artículo).

Ciertamente nuestros ecosistemas urbanos están muy lejos de alcanzar ese punto de equilibrio, entendido como “punto medio entre desequilibrios” o equilibrio dinámico, típico de ecosistemas maduros y salvajes. Nuestra frenética actividad genera tal cantidad de residuos (desechos orgánicos e inorgánicos) que el sistema no puede reincorporar y transformar para que estén otra vez disponibles como materias primas, a la misma velocidad en que se generan, y se convierten en fuente de problemas y contaminación de todo tipo que afectan a toda la Biodiversidad.

Pero, aunque no existiéramos, los ecosistemas salvajes también están sometidos a perturbaciones y constantes desequilibrios a lo largo del tiempo. Algunas de esas antiguas perturbaciones, realmente catastróficas a nivel global, tuvieron lugar por transformaciones globales de diversa índole, la explosión de súper volcanes o impactos de grandes meteoritos, produjeron un impacto sobre los ecosistemas terrestres y la biodiversidad de una magnitud inimaginable, cuyos rastros quedaron impresos en las capas terrestres y que hemos llamado “Extinciones masivas”. La Ciencia ha determinado 5 grandes extinciones de ese tipo, y ya hace años que los científicos hablan de la “sexta extinción” asociada a la acción de la humanidad sobre los ecosistemas de la Tierra.

Sin embargo, no queremos resignarnos a ser un desastre ecológico de alcance global, no dejamos de pensar en posibles alternativas y esas nuevas ideas, que fueron creciendo y expandiéndose, sobre nuestro lugar en la Naturaleza, dieron lugar a nuevos enfoques y disciplinas como la Ecología Urbana que, a su vez, engloba a muchas otras disciplinas.

Aunque, de momento, parece que solo consigamos “barrer bajo la alfombra”, hay personas que trabajan tratando de menguar esos graves desequilibrios de los ecosistemas urbanos y su impacto sobre los ecosistemas salvajes, y cada vez son más.

Esto es siempre, un rayo de esperanza, algo que nos hace soñar con un cambio de tendencia, con un mundo -actualmente utópico- en que las ciudades, en lugar de agotar lo salvaje y generar residuos y contaminación, se integren en el paisaje como nodos a través de los cuáles los flujos de materia-energía devuelvan al Entorno, en suficiente medida, lo que toman de él para que pueda estar disponible para todas las especies, no sólo para las generaciones futuras de la nuestra. Y no solo entendiendo a la biodiversidad como un recurso necesario para nuestra supervivencia, aunque también lo es, sino con pleno derecho sobre su propia existencia pues a efectos de la Naturaleza todos somos necesarios, aunque ninguno imprescindible.

Pero, hay que ser realistas, los modelos climáticos indican que, aunque todos dejáramos de utilizar, ahora mismo, combustibles fósiles, la permanencia de esos gases en la atmósfera, haría que durante siglos siguieran aumentando las temperaturas con los consecuentes impactos en el clima y la biodiversidad. Los nuevos modelos de generación de energías "limpias", "verdes" o cómo se las quiera llamar, se hacen a una escala tan grande que su impacto negativo es inevitable.

Sin embargo, en los ecosistemas, existen relaciones o efectos que desconocemos o resulta imposible valorar en su conjunto a lo largo del tiempo, porque van variando -o surgen nuevas configuraciones- según las circunstancias. Quizás factores que ahora se nos escapan, podrían compensar las consecuencias de la acumulación de gases de efecto invernadero o hacerlos menguar en menor tiempo del pronosticado. Mientras tanto otras especies más adaptables o generalistas van ocupando los nichos de las que están en declive o se extinguen, manteniendo así la funcionalidad de los ecosistemas, aunque la biodiversidad siga menguando**.

Así, voy fluctuando entre el pesimismo -la realidad que percibo- y el optimismo -lo que podría ser y deseo que fuera-, entre lo que sabemos a ciencia cierta -aunque no sea totalmente así- y lo que no sabemos aún pero que podemos deducir e imaginar -que tampoco será exactamente así porque nunca nada es exactamente como pensamos-. En cualquier caso, sea como sea ese futuro, sin duda traerá de todo, positivo o negativo dependerá de la perspectiva, del momento y las circunstancias.

 

P.D Hoy no tengo ninguna ilustración acabada para acompañar al texto... pero tengo esta bonita foto de una cigüeñuela, hecha en el año 2015 en el Delta del Ebro

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* No estoy haciendo aquí ningún juicio de valor, solo exponiendo unos hechos. En determinadas circunstancias no queda más remedio que eliminar individuos de otras especies, sea por unas circunstancias concretas, porque no creemos que, o no sabemos cómo, se pueda resolver de otra manera, o sea por lo que sea… pero también se cometen excesos, incluso cuando las razones están avaladas por estudios científicos y, en ocasiones, se eliminan individuos cuando no es necesario o incluso es contraproducente porque las razones iniciales han variado o no se tuvieron en cuenta otros factores. Por poner un ejemplo de una situación que viví en el Delta del Ebro en el año 2015, haciendo un conteo de gaviota patiamarilla: en el Delta hay muy pocos depredadores mamíferos, como el zorro que depreda principalmente sobre los huevos que estas gaviotas ponen en el suelo, pero había orden estricta de marcar el lugar y eliminar a todo individuo que se localizara, pues la gaviota seguía protegida pese haberse recuperado con creces y que ya afectaba negativamente a otras especies; por desgracia fui yo la que encontré la guarida del zorro y me vi obligada a marcarla con el gps para su posterior eliminación pese a que, en aquellas circunstancias, hubiera sido más adecuado dejar que el depredador hiciera su función.

 

**Me refiero a las llamadas especies “invasoras”. Se que este planteamiento puede ser controvertido, pero, creo que se entenderá lo que quiero decir cuando en vez de poner la atención en las perturbaciones o impactos iniciales, se ponga en las necesarias capacidades o características de las especies que tienen más posibilidades de sobrevivir en un mundo sometido a cambios profundos y acelerados. Desde luego, no toda especie “invasora” necesariamente sobrevivirá a las transformaciones del medio, pero sí tiene más posibilidades que otras.

Pongo entrecomillas el término “invasoras” porque es un concepto cargado de connotaciones negativas, como el de “inmigrantes ilegales” que a veces nos impiden valorar otras cuestiones de integración que, más allá de las perturbaciones iniciales, com más o menos problemas, acaban produciéndose.

 

miércoles, 14 de abril de 2021

Primavera...

 

Solo el vuelo lento de las águilas surca de vez en cuando el cielo de invierno… los árboles, apenas son visitados un par de veces al día por pequeños insectívoros que se marchan tan rápido como llegaron. El invierno, es un silencio, apenas rasgado por el grito nocturno del cárabo.

Pero la primavera, poco a poco, va impregnando de dulces sonidos y murmullos el ambiente, el azul se llena de aleteos y en la oscuridad reviven las charcas. Las zonas con agua se vuelven especialmente fecundas y no es difícil observar a las pequeñas criaturas acuáticas que tienen predilección por nacer en esta época del año. 

Ayer en la laguna de la zona dunar conté 15 patitos y dos crías de focha común; para ser una zona transitada por humanos todo el año y asediada por el turismo, no se puede pedir mucho más...

Al volver a casa vi algunas golondrinas y a un cernícalo volando raudo y bajo, en horizontal a la carretera por dónde yo iba (diría que era un primilla por su menor tamaño, en comparación a los cernícalos vulgares que son más habituales en la zona y porque el manto me pareció de un color anaranjado liso, sin pintas, aunque no podría asegurarlo).

Las palomas torcaces han disminuido su presencia, en los últimos años, por los alrededores de casa, y también las tortolitas turcas… pero ya hace un mes al menos que vi algunas parejas en amoríos. Algún mirlo también se ha dejado ver últimamente y hoy he visto un arrendajo.

Hace unos días, desde mi ventana, observé a dos urracas entre las ramas del árbol de enfrente. La más grande iba delante, y giraba la cabeza hacia la otra mientras se paraba a esperarla… pensé que quizás eran madre e hija, o quizás no… pero estaba claro sobre su relación y el cuidado de la mayor por la más joven. Entre las aves, los córvidos son los que tienen una inteligencia más similar a la nuestra por lo que nos podemos entender mutuamente con mayor facilidad que con otras especies de aves. Fui a buscar mi cámara de fotos pero, al moverme, en seguida volaron alejándose de ese punto de visión.

Mirando por otra ventana, hacia la parte de atrás, descubrí a una de ellas sobre una rama cortada en el suelo y pude hacerle una fotografía que después me ha servido de referencia para esta ilustración. En ella me he estrenado con lápices de colores y, aunque el papel me resultó un poco incómodo, demasiado rugoso para mi gusto, me ha encantado esta técnica y estoy deseando repetir con otro papel más liso.

Las urracas viven todo el año aquí aunque no se ven muchas cerca de mi casa, casi a diario, viene una o dos a comer restos de pienso. Hace una década también venían, durante la noche, algunos erizos morunos a comer… pero dejaron de venir.

Además de las urracas, he visto en alguna ocasión a petirrojos y sobre todo a caracoles, comiendo pienso de perro o gatos. Reconozco que lo de los caracoles es lo que más me sorprendió. Casi tanto como que las lagartijas de las Baleares comieran sardinas en lata o cualquier otro resto apetecible de comida.

Hace algo más de 20 años, en Ibiza, me disponía a prepararme un bocadillo de sardinas, bajo la copa de un gran pino, cuando al abrir la lata, varias lagartijas se acercaron demandantes hacia a mí. Les di varios trozos de sardina prácticamente en la boca, que comieron con avidez.

Eran oscuras, más robustas que las que yo había visto antes y, desde luego, increíblemente atrevidas para mi sorpresa.

Ese fue mi primer encuentro con las lagartijas de Baleares. Las únicas lagartijas que yo había conocido, en la península, eran extremadamente tímidas y huidizas, bastante más esbeltas y de colores claros verdes y pardos, y jamás las había visto comer, todo lo que sabía al respecto de su alimentación era que eran insectívoras.

Años más tarde vi las preciosísimas lagartijas de Formentera, de colores iridiscentes, azules, verdes, turquesa… que contrastaban con manchitas oscuras formando dibujos a lo largo de su cuerpo. A finales del 2006, en la zona de la Mola, se escondían de nosotros como las lagartijas peninsulares. Me fascinó la diferencia con las que había visto en Ibiza unos años antes.

Luego estuve haciendo un voluntariado en el Parque Nacional de Cabrera, la cocina de la casa en la que estaba tenía una puerta trasera que teníamos casi siempre abierta o entornada mientras cocinábamos. Era graciosísimo, en nuestro ir y venir para coger esto o aquello, ver a las lagartijas, de un marrón-gris-azulado oscuro, casi negro, comiendo migas o cualquier cosa que se nos hubiera caído en el suelo y salir a todo correr por la puerta al vernos llegar, para volver a entrar en cuánto nos alejábamos un poco. Creo que eran de la especie o alguna subespecie de Podarcis lilfordi.

Me recordaron mucho a las que había visto en Ibiza que, aunque mucho más atrevidas, eran también de color oscuro. Sin embargo, con el tiempo olvidé otros detalles de las ibicencas como para poder buscar la especie o subespecie con un mínimo de seguridad.

Bueno, me he ido de una cosa a otra… pero todo esto se resume para mí que todo está en constante cambio… y en el impulso de supervivencia y la capacidad de adaptación a los cambios. Antes se pensaba que la adaptación se producía de forma muy lenta y gradual, a lo largo de miles de años…  pero ¿en cuánto tiempo, los caracoles de alrededor de mi casa, dejaron de ser herbívoros para comer pienso hecho de restos animales? o ¿cómo insectos y ratas crean resistencias a los nuevos venenos en tan poco tiempo? y ¿cómo es que aves como cigüeñas y gaviotas, dejaron de dedicarse en cuerpo y alma a la pesca para rebuscar comida en los basureros? Por poner solo los ejemplos que me resultan muy cercanos y conocidos.

Podemos hacer algunas deducciones lógicas, claro… pero ¡nos queda tanto por descubrir! 😊


Cuatro días en el Parque Natural de Andújar

  Lo primero que sentí al pararme a contemplar el paisaje sobre el rio Jándula fue... el Silencio.  Pero después otras cosas me impresiona...